Fotografía: Lya Ayala Arteaga.
Cuadro moderno
Sí. Es cierto. He cambiado mis libros por la comodidad de mirar por la ventana,
pero es mucho más que la simplicidad de las cosas que deambulan entre el escritorio
la cama y la cocina.
Posiblemente, ahora, no entiendas, la compleja situación de una mujer de cuarenta años
remontando la escasez y la ternura.
Está bien que me juzgues, ni pierdo nada ni ganas nada. Mi silueta robusta cerca del fuego
y la comodidad de cualquier cosa. O casi.
Mis ojos aman las circunstancias de las cosas, la perpleja transparencia de la comida
sobre el mantel y los platos. Sí, es la pequeñez de la humanidad, pero.
A veces, deberías quedarte quieto muy quieto frente a la ventana abierta de una casa,
de un hogar tibiamente decorado con personas que se miran y sonríen.
Ese cuadro moderno, circular e iracundo parece sentir la ausencia
de los libros. Esta bien, no hace daño a nadie. Un libro mío no hace falta.
No reclames de mí la penuria de existir y sufrir el sufrimiento del artista.
Por mi parte, suspiro levemente, estiro las piernas y observo la quietud de la lluvia.
Los fantasmas detrás del agua también sufren. Y yo sufro con ellos.
Eso también es un libro.
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