La tierra baldía

 

Existe algo como esta frase en algún momento de otro tiempo. Es seguro. Todo lo que se hace ya se ha hecho...o algo así. Lo pienso con calma. En este tiempo todo o casi todo lo pienso con calma, es probable que sea lo mejor que me está dejando la edad madura. En suma: que pase lo que deba pasar porque sino existe la posibilidad de intervenir para cambiarlo, es probable que deba seguir su curso. Al final, ese final inevitable para todos solo cumple el propósito de renovar ese mismo ciclo. 

Los años tienen una belleza extraordinaria porque ayudan a dos cosas: botar basura o recoger basura. Lo mismo ocurre con los libros, las personas, las experiencias y las memorias: unas se botan, otras se guardan.

En mi memoria recupero una frase que nunca olvido: la poesía no interesa a casi nadie y es por su compleja relación con las palabras vacías, aquellas frases que no dicen nada, realmente no dicen nada, aunque parezca que sí. Por eso insisto que la poesía necesita preparación para leerla. La maldad más grande que podemos hacer a un ser humano es obligarlo a escuchar poesía de sopetón y sin previo aviso. Es que la poesía, cierta poesía es aburrida, horriblemente personal y bastante falsa. Y comprendo bien a quienes se burlan y menosprecian a la poesía. Lo he escrito otras veces en este Blog.

Uno de los libros de poesía que guardo con mucho cariño es Tierra baldía/Los cuatro cuartetos de T.S Eliot, uno porque es una versión de la editorial mejicana la nave de los locos de 1978; dos, porque mi padre lo tenía en su biblioteca. Por ejemplo, T.S. Eliot es hijo poético de otro poeta Ezra Pound, ambos salvados de mi bote de basura histórico.

Este libro, la tierra baldía de Eliot, es complejo, no es lectura sencilla. Releyendo estos días algunos de sus poemas comprendo la ausencia de interés por la poesía. Sino me gustara leer creo que nunca hubiera pasado de la primera página de la tierra baldía. Es la verdad. Es lectura pesada. 

Hoy, mi gusto se diluye hacia una poesía breve, directa, con ideas claras, pero profundas. Y esa poesía resulta que se escribió antes, mucho antes, en otros lados del mundo que ni pensaba guardaba poesía tan preciosa. 

La poesía es cíclica como la historia humana, se destruye y reconstruye en un vaivén imparable. La poesía ha muerto. Y revivirá un día. Por el momento leo a los poetas chinos de la dinastía Tang.

  Fotografía: Lya Ayala Arteaga.

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